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Confieso que mi último turno salvó la empresa y desveló el secreto que me dejó sin empleo.

Confieso que mi último turno salvó la empresa y desveló el secreto que me dejó sin empleo.

Capítulo 5: El pasillo del servidor

—¡Estás despedido! —gritó Valeria, mientras el teléfono caía de su mano y el eco resonaba en la oficina vacía.

Me quedé paralizado, el sudor todavía me corría por la frente. Carlos me agarró del brazo y, sin perder tiempo, me arrastró hacia el corredor que llevaba al cuarto de servidores.

Los pasos resonaban en el frío hormigón; el zumbido del aire acondicionado se mezclaba con el latido acelerado de mi corazón.

Al abrir la puerta metálica, una luz verde parpadeante reveló una fila de rack antiguos, cubiertos de polvo y cables enmarañados.

Un susurro de tráfico cifrado emergía de los ventiladores, como un murmullo de voces lejanas. La carpeta roja, la que contenía los logs de los ataques, reposaba sobre una bandeja oxidada.

—Aquí está, Mateo —dijo Carlos, con la mirada clavada en el documento.

Yo rozé la cubierta, y la vibración de los servidores me recordó el peligro que habíamos evitado.

Mientras yo inspeccionaba, Sofía se quedó atrás, observando a Valeria caminar de un lado a otro, sus ojos centelleando al ver el teléfono roto en el suelo.

Valeria fruncía el ceño, como si buscara algo entre los fragmentos de vidrio, mientras el silencio se volvía más pesado.

Capítulo 6: La intrusión silenciosa

Carlos introdujo la carpeta en su portátil y comenzó a descifrar el archivo misterioso.

De repente, una alarma silenciosa se activó, apenas perceptible, y las luces titilaron, lanzando sombras erráticas por la sala.

Un destello reveló a un intruso enmascarado, moviéndose con precisión militar, mientras acercaba una pequeña unidad USB al puerto principal del servidor.

—¡Alto! —grité, lanzándome hacia él.

El hombre giró, pero su máscara evitó cualquier expresión; la luz del monitor reflejaba su silueta como un fantasma de acero.

Cuando mi mano alcanzó el brazo del intruso, una corriente de aire frío lo desplazó como si fuera una sombra que se disuelve.

Desapareció en el mismo instante, dejando tras de sí solo una mancha aceitosa sobre la consola, brillante bajo la luz parpadeante.

Me quedé allí, con la sangre palpitando en mis oídos, mirando la mancha que parecía un último mensaje de advertencia.

Valeria confronta a Mateo

—¡Eres cómplice, Herrera! —exclamó Valeria, su voz retumbando contra las paredes del pasillo.

Su mano temblorosa sostuvo un dossier gris, la portada sellada con el emblema de recursos humanos.

Con un gesto brusco lo abrió, revelando una hoja amarillenta que llevaba mi nombre y, bajo él, la frase “Operativo de inteligencia – expediente clasificado”.

Sentí que el aire se espesaba; el eco de la acusación resonaba en mi pecho.

—¿Qué pretendes con eso? —pregunté, intentando mantener la calma mientras mi corazón golpeaba el pecho.

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Pam · Stories Desk

Sharing memorable real-life family, relationship, and heartwarming stories that bring readers together every day.

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